Los baños turcos son un lugar para relajarse, donde se combina el bienestar con tratamientos corporales. Aquí se combinan varios elementos: el calor seco, el calor húmedo, el frío, los masajes y los peelings.
De hecho, la palabra Hamam significa “el lugar que calienta”. Éstos se parecen mucho a los antiguos baños romanos, no sólo en su estructura, sino también en su función sociocultural. Aunque ahora se ha perdido un poco esta tradición, antes gran parte de la vida social árabe se desarrollaba en estos baños; es más, era muy común que las novias celebrasen sus despedidas de soltera en los Hamam.
Por lo general en los baños turcos no se mezclan los hombres con las mujeres como ocurre en la mayoría de los spa occidentales. El baño turco es parecido a una sauna húmeda, pero con una práctica mucho más cercana al baño romano: primero uno debe relajarse en el cuarto tibio, una estancia que se calienta con aire caliente; después, se pasa a un cuarto más caliente aún, llamado cuarto caliente para luego sumergirse en una piscina fría. Acto seguido, se recibe un lavado completo de cuerpo y un masaje; para terminar, se accede al cuarto de enfriamiento donde se procede a un nuevo período de relajación.
No hay un tiempo limitado para disfrutar del Hamam, pero no es aconsejable prolongarlo más de una hora, ya que es más que suficiente para regenerar la piel y relajar la mente.
